El gran Nobel del gol
La aventura de un muchacho que en 1904 le metió un doblete al poderoso River Plate y unos años más tarde sería el primer Nobel de Medicina de Latinoamérica. De la mano, fue ojo clínico y olfato goleador.
  
El muchacho tenía unos bigotes sutiles y sus piernas parecían ramas. Leopoldo Bard desvió la vista, pensó unos segundos, volvió a observarlo, y así, con vistas cruzadas, aún un rato más, aunque jamás podría haberse imaginado que ese extremo les iba a complicar la tarde y la defensa, y menos aún que iba a jugar y perder ante un Premio Nobel de Fisiología y Medicina, el primero de Ciencias de América Latina. Casi tres semanas después de que se fusionaran los equipos de La Rosales y Santa Rosa, el nacimiento de River Plate, el equipo de Bard recibía al conjunto de la Facultad de Medicina.

Era el 4 de junio de 1904, un mes después de haberse conocido y chocado por primera vez: Allá, los estudiantes habían derrotado 3-2 a River, y Bernardo Houssay había oficiado de juez de línea (según cuentan los historiadores, por aquellos años cada árbitro asistente era representado por un jugador suplente de cada equipo). "Bernardo Houssay", el nombre le retumbaba a Leopoldo Bard, ahora sudando, para luego confesar y recordar —en la Historia de River de 1958— que Medicina era "un equipo poderoso y encima yo debía cuidar a Houssay, que era velocísimo".

En las crónicas de la época no constarían las formaciones de los bandos, aunque jamás se olvidarían de escribir e informar que Bernardo Houssay había sido uno de los primeros verdugos de la historia de River: el muchacho convirtió dos tantos, Medicina volvió a vencer 3-2 y el equipo de Bard —fundador, presidente y jugador— doblegó sus rodillas ante el poderoso. Un poderoso del juego. Y, también, de las ciencias y los tornillos del cuerpo. "El fútbol es un deporte maravilloso. Ahora hace muchos años que no veo un partido. Pero yo he jugado. Para el equipo de mi facultad, recuerdo. Espero no equivocarme, pero creo que fue en 1902", rememoró y se equivocó el mismo Houssay en el diario El Mundo, durante abril del '67, dos décadas después del estelar 10 de diciembre de 1947.

Aquel día, en Estocolmo, el rey Gustavo Adolfo de Suecia le entregaba una plaqueta y el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre el papel de la hipófisis en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono. Inteligente y novedoso, Houssay había establecido la relación entre la acción de las hormonas del páncreas y esa misma glándula.

Con un poco más frescos los recuerdos, Raúl Houssay, uno de los tres hijos del doctor y goleador, relató aquel capítulo, contado como lo tenía en la memoria tras los dichos de su padre: "En una charla me dijo que, siendo estudiante, había integrado un equipo de fútbol de la Facultad de Medicina que jugó un torneo (Campeonato de Tercera División) en el que también estaba River. Supongo que serían futbolistas del club con edad similar a la de sus rivales. De lo que estoy seguro es de que mi padre comentó que los estudiantes le habían ganado a River, y que en ese partido él había metido dos goles".

Bernardo Houssay nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887. Descendiente de franceses, el muchacho se graduó de farmacéutico a los 17 años, y a los 23 ya era médico. Trabajaba en el Hospital Francés y, según su hijo, le pagaban "una miseria". Con 32 años lo nombraron titular de Fisiología en la Facultad de Ciencias Médicas, una cátedra que luego adquirió jerarquía y entonces se ganó un renombre internacional.

Glorioso y científico, Houssay no se llevó muy bien con los medios: ni siquiera cuando lo nombraron Nobel tuvo su página en los diarios de la época, y en algunos tampoco llegó a ser título de tapa. Por ende, su aventura deportiva cuenta con aún menos tinta derramada. El autor Jorge Iwanczuk reveló este cuento en Historia del fútbol amateur en la Argentina, y Jorge Llistosella, en la revista Viva, investigó y repasó que Houssay también se había alzado con medallas de remo, atletismo y rugby. "Era un hombre veloz y con bastante resistencia, deportivamente versátil", escribió Llistosella. Con bigotes de extremo de época, con puntazo de goleador y plaqueta de Premio Nobel. ¿Qué tal?
 
especiales@futboltico.com  
Fuentes: Diario El Mundo, Historia del fútbol amateur en la Argentina,
World Stories, Clarín
 
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